Descenso del río Segura: Explorando la naturaleza salvaje del Cañón de Almadenes
De repente, el sonido del río cambia por completo. Ese murmullo abierto del cauce se transforma en un eco profundo, de esos que rebotan con fuerza contra las paredes de roca pura. El aire se vuelve distinto: huele a humedad limpia, a musgo fresco y a esa tierra mojada que tanto reconforta. Mientras tanto, el sol murciano —que fuera no da tregua— apenas consigue asomarse por la grieta de la montaña, regalándonos una sombra que se siente como pura gloria. Y ahí estás tú, en la balsa, con la pala quieta y la boca abierta, intentando procesarlo todo.
Bienvenidos al Cañón de Almadenes.
Llevamos años lanzándonos al agua cada mañana, con la piel ya curtida por el sol y los pies eternamente mojados, pero te confieso que entrar en este desfiladero nos sigue poniendo los pelos de punta como el primer día. La verdad es que, cuando alguien nos llama para organizar un descenso por el Segura, suele traer en la cabeza la imagen del paisaje seco y árido del sureste. Lo que no se esperan, ni de lejos, es que los vamos a sumergir en este oasis prehistórico que se esconde celosamente entre Calasparra y Cieza. Es, sencillamente, otro mundo.
Un pasillo de roca viva y fauna salvaje
Navegar por este tramo es como colar tu embarcación por una grieta secreta de la Tierra. A tu derecha y a tu izquierda se levantan farallones de roca caliza de más de cien metros de altura. La corriente aquí tiene vida propia; a veces empuja con ganas y te pide que remes fuerte, y otras veces se queda completamente quieta, casi como un espejo de agua oscura.
Es en esos momentos de silencio cuando te pedimos que dejes el remo atravesado en las rodillas. Si te fijas bien en las orillas, la vida explota. Es súper normal que una garza real levante el vuelo justo delante de nuestra proa, o que un martín pescador cruce el río como un relámpago azul y naranja. Los más afortunados incluso llegan a ver el rastro brillante de las nutrias que viven escondidas entre las raíces de los fresnos y los sauces.
Las dos caras del paraíso: El contraste con la Floración
La naturaleza del Segura tiene muchas personalidades. Almadenes es el lado salvaje e imponente, pero la ribera cambia de disfraz con los meses. Si te cuadra la visita a finales de invierno, el paisaje que envuelve a Cieza revienta en un mar de tonos rosas y blancos. Llevamos remando aquí media vida y flotar sintiendo la brisa cargada con ese aroma dulce es una pasada; por eso, si vienes buscando disfrutar a tope de la Floración desde el agua, organizar tu bajada con la familia de XploraCieza es tu mejor jugada para llevarte una experiencia inmersiva y brutal.
¿Hace falta ser Tarzán para bajar el cañón?
La verdad es que nos hace muchísima gracia ver vuestras caras cuando llegáis a la base. Miráis de reojo hacia el barranco, tragáis saliva y se os nota en los ojos que estáis pensando: «¿Pero dónde me voy a meter? ¡Si esto va a ser deporte de riesgo extremo!». Y oye, ¡para nada! No os dejéis engañar por la majestuosidad del sitio.
El tramo que navegamos tiene lo que llamamos «aguas bravas de nivel comercial». ¿Qué significa esto en cristiano? Pues que tiene la chispa justa para que sueltes adrenalina y te rías a carcajadas cuando la balsa bota en las olas, pero sin que pases ni un segundo de miedo real. Es esa mezcla perfecta de emoción y seguridad.
Tú pon las ganas, nosotros leemos el río
A ver, somos perfectamente conscientes de que meterse en un cañón con paredes de 100 metros impone lo suyo, ¡solo faltaría! Pero precisamente ahí es donde entramos nosotros para que tú solo te preocupes de disfrutar. La diferencia es que no somos monitores que te sueltan un discurso aprendido de memoria; somos gente de aquí, locales que se han criado en estas aguas. Conocemos de sobra cada roca que se esconde bajo la corriente, cada pequeño remolino y esos rincones secretos donde es totalmente seguro tirarse a nadar un rato.
Antes de que metas el primer pie en el agua, nos echamos una charla súper dinámica para que vayas con confianza. Nada de rollos teóricos: te enseñamos a sujetar el remo para que no se te cansen los brazos a los cinco minutos, dónde encajar los pies para ir estable y, sobre todo, cómo «pescar» a ese compañero que, seguro, acabará en el agua entre risas. Además, te equipamos de arriba abajo con material homologado que revisamos cada santo día: tu casco bien ajustado y un chaleco salvavidas que se adapta a ti para que te sientas cómodo y, sobre todo, muy seguro. Al final, lo que queremos es que te sientas como en casa, incluso en medio del río.